Más vale cosecha en mano que pájaros rondando

Por: Mayra Alejandra López López

De diciembre a mayo, seis meses en los que en la región Ciénega estado de Jalisco, se siembra y cultiva trigo, periodo en el que, además, se realiza el pajareo, actividad hecha por los “pajareadores”, hombres que velan por el cuidado del trigo  convirtiéndose en espantapájaros por temporada.

Raúl Valdivia, hombre de 40 años, es habitante de Jamay, Jalisco, y hace más de 20 años que su papá le enseñó el oficio del pajareo…

Con el canto grabado de un gallo, sonó la alarma que lo despertó justo a las 5:30 de la mañana, de lunes a domingo no cesará de sonar a la misma hora durante los meses de abril y mayo; era lunes y se puso unas botas ya desgastadas y con las suelas vestidas de lodo que lo esperaban en el suelo, junto a una de las patas de su cama.

Su caminar desvelado comenzó a erguirse con sorbos de café, ya para las seis de la mañana el humo del escape salía como vapor mientras el motor se calentaba, de una camioneta de redilas, verde y vieja. El hombre, inició su viaje con el sol que encandilaba fuertemente el frente de la camioneta y en la parte trasera ya iban viajando: casangas, botas de hule, cuetes, carabinas, hondas y una que otra botella de caguama “para el calor”, como dijera Raúl Valdivia, el protagonista de esta historia…

“Nací en una familia de campesinos, dedicados a labrar y cultivar la tierra”,  tierra, que por débil que parezca, ha sido la base económica de la familia Valdivia por más de tres generaciones.

Un camino pedregoso y angosto abrió paso al campo, ahí donde se marca la frontera entre el pueblo y las parcelas de algunos del mismo, mirar por la ventana hacia afuera se volvió la atracción principal y respirar el aire, de ese, del que aún huele a limpio, se convirtió en la mejor compañía.

Son veinte minutos los que se hacen de camino, quince de ellos donde lo cotidiano deja de serlo un poco, donde los saludos de “buenos días” quedan de lado y los “¡Ucha Vaca!” van sonando al compás de los mugidos de las reses que se cruzan en el camino.

Los burros, patos, toros, caballos, gallinas, chivas, puercos y perros, tampoco dejaron de adornar el trayecto que iba siendo rayado con un hilillo de humo que salía  por la ventanilla  de la carcacha; y cayó, sobre los terrones sueltos, la colilla del cigarro del pajareador en marcha.

Con el volante bien sujeto con ambas manos y el sonajeo de la camioneta que temblaba sobre la terracería, frenó Raúl, justo antes de las 7:00 am, y  bajo un árbol, que sólo da sombra, comenzó el trabajo de cuidar su trabajo.

Una parcela de 3 hectáreas con 70 áreas, algo así como 37 mil metros cuadrados,  es lo que vigila cada mañana este espantapájaros humano. Su objetivo no es otro que cuidar el trigo que sembró en diciembre, para que no vaya a ser comido por los pájaros que rondan sobre éste.

“Hoy me ganaste”, se escuchó a lo lejos la voz de otro pajareador, vecino de parcela y hombre de 73 años, bajó de una bicicleta y se fue atando un pañuelo rojo en el cuello, para quemarse menos con los rayos del sol. Le dicen “Mingo” y desde niño acompañaba a su abuelo a “echarle un ojo a la siembra”.

"Los espantapájaros no sirven, adornan la labor por un rato, pero si quieres que salga la cosecha tienes que ponerte listo y ponerte a hacer tu trabajo", dice Mingo, el mismo que cuando era niño vistió al viejo espantapájaros que se  destiñó por el sol entre los trigales

“Los espantapájaros no sirven, adornan la labor por un rato, pero si quieres que salga la cosecha tienes que ponerte listo y ponerte a hacer tu trabajo”, dice Mingo, el mismo que cuando era niño vistió al viejo espantapájaros que se destiñó por el sol entre los trigales

“Los pájaros nunca descansan y tengo que llegar antes que ellos, si me duermo de más acaban con la cosecha de este año, eso sí, hay días que hay más pájaros, otros menos, de ahí depende con lo que los vaya a espantar, si hay muchos con un cuete o un disparo vuelan pronto, si son menos y me quedan cerquita me los descuento con la honda…” Platicó Mingo, arreglándole el sombrero a quien lo suple en su ausencia, un espantapájaros de trapos viejos que se para desde hace años en la equina de la labor, vigilándola siempre, sea cual sea su cultivo.

Como siempre, llegaron puntuales, a partir de las 7:00 de la mañana, gorriones con plumas grises, amarillas y difuminados en negro, volaron ese día en parvadas hambrientas, para cazar los granos que se sirven en espigas de trigo. Nada se colorea más rápido que las labores amarillas de trigo, justo cuando los pájaros aterrizan en las espigas, como aeroplanos livianos y con la fuerza de un torbellino.

Raúl tiró un disparo al aire y el revoloteo de alas se esfumó rápidamente, pero se escuchaba con fuerza el canto asustado de los pájaros que se alejaban de las espigas, se desprendieron varias plumas y cayó uno que otro cuerpo sin vida de aves con mala suerte.  No era día de fiesta, pero los cuetes se escuchaban también en las parcelas vecinas, con el transcurso del día el trinar de las aves se volvió menos fuerte y a los “pájaros perdidos”, esos que se quedaron atrás de su parvada, les tocó ser asustados con la honda, una tira de cuero con dos correas y que sirve como catapulta de piedras. Raúl la sacudió con fuerza, hasta marear a la piedra y arrojarla lo más alto y lejos que pudo, se perdió en el aire hasta que cayó y, de entre las espigas, volaron 4 ó 5 gorriones.

Ya para las 2:00 de la tarde y con la frente bañada en sudor, los pajareadores recogieron todo, les tocaba comer a ellos, los pájaros no volverán hasta el día de mañana y, por mientras, el trigo puede quedarse solo…

“Ser pajareador tiene su trabajo, no es nada del otro mundo, pero sí hay veces que te entra el sentimiento por los pobres pájaros, ellos tienen pues su instinto y ¿Uno qué hace? Pues nomás cuidar la siembra como se pueda”, para Raúl este trabajo cubre una necesidad de su trabajo: El cuidado de la siembra.

“Pajarear” así es como llaman a este oficio, un oficio con el que Raúl no gana nada, sino hasta el día de la cosecha, el día de las cuentas, cuando se sabe quién ganó más semillas: él o los gorriones de pecho amarillo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s